Creando valor en tiempos de crisis:
VIII Jornada para una Educación Creativa

Por el Comité de Educadores de la SGEs
CUADERNOS DEL INSTITUTO IKEDA · 2 · Dic. 2020


Primera edición del Sistema pedagógico de la creación de valor, obra de Tsunesaburo Makiguchi editada por su discípulo Josei Toda, el 18 de noviembre de 1930 | Foto: Seikyo

Una lámpara que disipe la oscuridad circundante

En el diseño de la cubierta de Soka kyoikugaku taikei (El sistema pedagógico de la creación de valor) se ve una lámpara de aceite cuya luz disipa la oscuridad circundante. Esta obra fue publicada hace 90 años (el 18 de noviembre de 1930) por dos educadores japoneses, Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda, reconocidos pedagogos fundadores de la Soka Gakkai[1].

En el corazón de los dos fundadores de la Soka Gakkai ardió siempre la determinación de mantener viva la llama de la educación en bien de todos los niños, niñas y adolescentes, cualesquiera fuesen las circunstancias. […] Estoy convencido de que la ilustración de esa lámpara de aceite en su cubierta simboliza el compromiso de ambos maestros con la acción. Como sugiere esa lámpara, la llama de la educación requiere ser alimentada sin interrupciones. Lo que mantiene encendida esa luz es la pasión de quienes se dedican a ella y el apoyo de toda la sociedad a sus esfuerzos. (Ikeda, 2020a, pp.62-64)[2].

Desde el Comité de Educadores de la SGEs[3] queremos transmitir este enfoque pedagógico y humanista tan bien representado por la imagen de la lámpara de aceite cuya llama nos infunde esperanza. Nuestra función es compartir este legado, contagiar convicción y pasión en bien de la sociedad. En este sentido, en las actividades que organizamos, personas que desarrollan tareas educativas en escenarios enormemente diversos comparten ricas experiencias, vividas tanto en el aula como fuera de ella. Fomentamos intercambios educativos que, a su vez, dan origen a renovadas actitudes pedagógicas, fruto de un camino de transformación personal y de la voluntad de ser agentes de cambios positivos.

En el contexto que acabamos de resumir, en marzo de 2020, justo en el momento en que irrumpía oficialmente la pandemia y que se declaraba en España el estado de alarma, el Departamento de Educadores de la SGEs anunció la celebración de la “VIII Jornada para una Educación Creativa”.

De este modo, nos embarcamos en una aventura incierta, confinados y aparentemente limitados, en un momento histórico de parálisis y de confusión global. Pero con la certeza y el entusiasmo de impulsar una nueva edición de la jornada capaz de encender, en esas circunstancias, una lámpara de aceite que alumbrara hasta la oscuridad más fundamental.

El punto de partida de la VIII Jornada para una Educación Creativa fue, pues, la postura de no claudicar ante las limitaciones impuestas externamente, en este caso por la pandemia. El resultado fue esclarecedor: lejos de bajar los brazos, los educadores se arremangaron y superaron con creces la frustración generada por el repentino y brutal distanciamiento social, pronto olvidada gracias a la pericia tecnológica de las nuevas generaciones.

A través de lo virtual, aparecieron novedosas y oportunas habilidades comunicativas, diálogos telemáticos múltiples y simultáneos, collages y coloridos talleres visuales. Todo ello, invitando a comentarios e intercambios de experiencias que, a su vez, generaron más y más inspiración. Una verdadera avalancha creativa que superó nuestras expectativas y que aún hoy estamos desmenuzando para asimilar todo lo recopilado.

Ejemplo de actividad online en la VIII Jornada para una Educación Creativa: “Muro creativo”

Evidenciamos en este punto la concreción de esta VIII Jornada en medio de la dificultad circundante. Lo destacamos como un proceso intrínseco e inseparable de la oportunidad de generar sinergias transformadoras, es decir, tomar la iniciativa y ser protagonistas; salir al encuentro de la realidad de nuestra época. Ya desde el inicio de los preparativos concluimos juntos que no deberíamos permitir que nuestras propias debilidades e inseguridades nos engañen y derroten ante los retos que nos plantea el mundo actual.

La base para impulsar la jornada fue el reconocimiento de que todos somos personas de valor. Uno de los papeles esenciales del educador/a debería ser experimentar y tomar conciencia de la importancia de la propia construcción de un “yo sólido”, un yo que no permita que los miedos y sufrimientos nos anulen. Partiendo del hecho de que la educación surge mayoritariamente de la interacción entre las personas, entonces el mejor camino que podemos transitar yace en empoderar, capacitar a nuestros alumnos para construir y revitalizar esta fortaleza interna aún por descubrir.

Según Daisaku Ikeda (2020c), “si uno busca meramente adquirir conocimientos desde una perspectiva limitada, basta con recurrir a los libros y no será necesario un maestro. Pero descubrir las verdades y la razón de la existencia humana y forjar individuos capaces requiere la interacción de vida a vida. Creo que la relación maestro-alumno o mentor-discípulo es indispensable para lograr una verdadera educación” (p.70). Esta relación humana entre educador/a y educando contiene en sí misma la capacidad de generar las causas en pos de un verdadero desarrollo humanístico de nuestras sociedades.

Creando valor en momentos de crisis

Al decidir el lema, “Creando valor en tiempos de crisis”, pretendimos hacer de la jornada una actividad transmisora de coraje hacia los educadores y educadoras en estos momentos difíciles. Lo hicimos considerando que en la misma adversidad germinan las más vigorosas semillas del avance. En palabras de Ikeda (2020d), “en la vida y en la sociedad, es en épocas de gran crisis cuando podemos desplegar una enorme fortaleza interior y abrir rutas a una nueva era”.

La educación creadora de valor que propone Makiguchi (1998) parte de la creencia de que, para gozar de una felicidad genuina, es esencial que trabajemos tanto para nuestro bienestar como para el de los demás. Imaginemos, pues, una sociedad que no discrimina y que apuesta por la prosperidad tanto del individuo como de la comunidad en la que vive. Imaginemos una vida feliz en la cual los valores pueden ser adquiridos y realizados. Donde alumnos y alumnas, y cualquier persona, se forjan como individuos capaces de acrecentar estos valores. ¿Cuántos educadores y educadoras experimentan frustración por ver rebajada esta oportunidad solo por tener que cumplir un expediente académico?

Makiguchi afirmó que la felicidad se halla en la búsqueda del valor. Esto se refiere a que los estudiantes adquieran los conocimientos prácticos necesarios para ser líderes en la sociedad, a la vez que desarrollan un gran humanismo basado en el ideal de respeto a la dignidad de la vida. Desde un punto de vista más universal, este sería el propósito mismo de la vida.

Este gran potencial ya existe en los seres humanos. Lo hemos experimentado todos como maestros y lo subrayamos en nuestras experiencias educativas como instantes significativos de nuestra carrera profesional en el aula. En el balance de toda una carrera docente, esos hechos son finalmente los que nos evaluarán y no la cantidad de conocimientos que hemos sido capaces de impartir.

Exponemos a continuación dos conclusiones de la VIII Jornada para una Educación Creativa, relativas a la educación para la felicidad y a la educación centrada en los cuidados, como formulación de caminos certeros y duraderos de sanación en nuestra sociedad:

1. Educar para la felicidad es educar para ser victorioso ante la adversidad

La comprensión de la educación, de acuerdo con los postulados de Makiguchi (1998), como un gran ámbito vital de creación de valor subraya la importancia de sea erigida por el conjunto de la comunidad como uno de los puntos de anclaje para una convivencia sostenible. Para ello, debe atesorar y respetar la dignidad de la vida y el infinito potencial de cada ser humano. Esta tarea no puede realizarse como un medio que persigue un fin ulterior. Se trata más bien de un cambio de paradigma: buscar activamente la transformación de las circunstancias adversas y el beneficio comunitario y personal que de ello se desprende. Esta es una ardua pero maravillosa tarea que despierta en cada persona sus mejores capacidades y le aporta sentido y coherencia. Es, al fin y al cabo, una postura activa y también combativa que apuesta por empoderar a las personas. Es, en sí misma, la quintaesencia de la educación. Solo la educación que pueda crear marcos donde tanto educandos como educadores puedan hacer del aprendizaje virtud[4] será capaz de establecer un nuevo paradigma en el siglo XXI.

De ahí, la insistencia en la necesidad de superar la imagen de la educación como un puro trámite administrativo de años escolares y académicos para obtener títulos, que, a su vez, se valoran como un mero medio en la búsqueda de un fin laboral. Debemos evitar formar especialistas encerrados en su propia ciencia, desinteresados de lo que hacen los demás.

Un informe reciente advierte del riesgo de que “lo que se enseña en los centros escolares esté al servicio del mercado: se trata de disminuir los conocimientos humanísticos y críticos y promocionar el aprendizaje de competencias vinculadas al mundo del trabajo”. Esta aseveración es un toque de alerta con respecto a la formación de nuestros hijos/as y, consecuentemente, a la sociedad del futuro, que de ella depende.

En la comunidad docente, es muy común el sentimiento de ser meros canales de transmisión, con pocas oportunidades de ejercer de agentes inductores de esperanza.

Un participante en la VIII Jornada para una Educación Creativa rescató unas palabras del Informe Delors (1996):

Una nueva concepción más amplia de la educación debería llevar a cada persona a descubrir, despertar e incrementar sus posibilidades creativas, actualizando así el tesoro escondido en cada uno de nosotros, lo cual supone trascender una visión puramente instrumental de la educación, percibida como la vía obligada para obtener determinados resultados (experiencia práctica, adquisición de capacidades diversas, fines de carácter económico), para considerar su función en toda su plenitud, a saber, la realización de la persona que, toda ella, aprende a ser. (p.96)

Otro elemento compartido y expresado reiteradamente en la jornada fue la necesidad de reconectar con lo más valioso de los alumnos durante la situación extrema provocada por la alarma sanitaria declarada a raíz de la pandemia. Dejar de lado lo menos relevante y afrontar aquello que ahora es lo más importante: esta actitud –según se hizo patente– ha llevado a maravillosas experiencias de creación de valor que a su vez han alentado a otros.

2. Educar para la felicidad es educar en los cuidados

La Organización Mundial de la Salud define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”[5]. De acuerdo con ello, la “buena salud” es un estado de equilibrio y de armonía en cada aspecto de la vida, mucho más que la ausencia de patologías. Ante esto, cabe preguntarse con más frecuencia: ¿vivimos situaciones sociales saludables? La actual pandemia ha puesto ante nosotros una suerte de espejo en el que reflejarnos.

En la VIII Jornada para una Educación Creativa afloró con vigor la necesidad de una sanación más profunda. En los diálogos entre los participantes se compartieron frases como estas que citamos: “[Al descartar lo trivial] me dediqué con todo mi corazón a cuidar de mis alumnos en esos momentos tan difíciles”. “Lo más importante para mí era atender a mis alumnos y sus miedos”. “Entendí mejor su realidad familiar y su situación”.

A la luz de ello, el papel de la educación adquiere una gran envergadura; debe ser capaz de permitir transformaciones positivas enfocadas en los cuidados.

En este sentido, se hizo bien presente el modelo de la pedagogía de los cuidados. De acuerdo con InteRed (2018):

La pedagogía de los cuidados gira en torno a la idea de poner la vida en el centro en todos los ámbitos de la educación, entendiendo que el ser humano es igualmente interdependiente que eco dependiente. Mediante este paradigma se otorga centralidad a valores y capacidades como: el cuidado, la solidaridad, la empatía […] para el sostenimiento de la vida.

Este modelo apuesta por una propuesta educativa que implica la reestructuración de los contenidos curriculares, de las metodologías y de los procesos de enseñanza y aprendizajes para que consideren los cuidados como un principio básico.

Más que a un restablecimiento de la situación previa a la pandemia, se apuntó a hacer del momento actual la oportunidad para cultivar una salud integral. Desde este punto de vista, podemos visualizar una comunidad profesional sanitaria que afronta los procesos y tratamientos para salvarnos de la enfermedad, pero deben ser acompañados por una comunidad educativa decididamente enfocada en el sostenimiento de la vida.

Llegamos al punto de reflexión: la deconstrucción de la educación conduce a una sociedad global que avanza tecnológicamente pero que a la vez parece descompensada por escatimar en su buena salud.

Finalmente, es evidente que la educación debería ser sistemáticamente cuestionada y mejorada, teniendo en cuenta que cualquier propuesta educativa innovadora debería priorizar la formación de personas con espíritu de iniciativa, libres, críticas, generosas y solidarias, dejando a un lado la competitividad salvaje. En palabras de Ikeda (2020b), “Es importante pensar constantemente en qué podemos hacer para alentar e inspirar […]. Esa es la misión de los educadores”. Así, cultivando la autocrítica (antes que la crítica) y el aprendizaje permanente, tal vez podremos entender mejor nuestro presente y ayudar a preparar mejor nuestro porvenir.


Referencias

Notas

[1] La Soka Gakkai es una organización para la paz, la cultura y la educación que nació en 1930 de la mano de los educadores japoneses Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944) y Josei Toda (1900-1958). Ellos desarrollaron una pedagogía de la felicidad y de la “creación de valor” (en japonés, soka) con la idea de transformar el Japón de la posguerra. Muy pronto, sus planteamientos, fundamentados en el budismo Nichiren, se erigieron como una filosofía de vida basada en la convicción del potencial ilimitado del ser humano y en su capacidad para transformar la realidad.

[2] Fragmento de la propuesta de paz de 2020 de Daisaku Ikeda. Desde 1983, cada 26 de enero, Ikeda ha publicado una “propuesta de paz”. En estos documentos Ikeda analiza, desde una perspectiva humanista cimentada en el budismo, diversos temas que enfrenta la sociedad global, con el objetivo de coadyuvar a la consolidación de la paz y la seguridad humana. En adición, ha presentado propuestas en torno a temas específicos, tales como la reforma educativa, el medio ambiente, las Naciones Unidas y la abolición nuclear.

[3] SGEs son las siglas de la Soka Gakkai de España.

[4] Virtud: Sócrates postuló como valor supremo y trascendente la areté, la excelencia o el dar lo mejor de uno mismo en pos de superar una existencia limitada en el tiempo. A su vez, Confucio elucidó la importancia vital del desempeño en la transmisión de virtudes imperecederas a las generaciones futuras, trascendiendo la vida y la muerte.

[5] Del Preámbulo de la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, que fue adoptada por la Conferencia Sanitaria Internacional, celebrada en Nueva York del 19 de junio al 22 de julio de 1946, y firmada el 22 de julio de 1946 por los representantes de 61 Estados, y entró en vigor el 7 de abril de 1948. La definición no ha sido modificada desde 1948.

Referencias bibliográficas

Delors, J. et al. (1996). La educación encierra un tesoro. Madrid: Santillana.

Ikeda D. (2020a). La construcción de una era de solidaridad humana: Hacia un futuro para todos. Propuesta de paz de 2020. Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global.

Ikeda, D. (2020b). La nueva revolución humana. Volúmenes 17 y 18. Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global.

Ikeda D. (2020c). La nueva revolución humana. Volúmenes 19 y 20. Rivas-Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global.

Ikeda D. (2020d, septiembre). Iluminen el mundo con el sol de su juramento juvenil. Daibyakurenge.

InteRed (2018). La pedagogía de los cuidados en el ámbito educativo. Madrid: Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo. Recuperado de https://coordinadoraongd.org/coordinadora/historia-y-logros/

USTEC-STES (2019, junio). Què són i d’on surten les competències bàsiques? Docència, (42), p. 3.

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