Las jornadas para una educación creativa:
La educación para la felicidad mediante la creación de valor

Por Dora Fernández, Alain González, Miguel Mandujano, Laura Peña y Xavier Rubió
CUADERNOS DEL INSTITUTO IKEDA · 1 · Jun. 2020


Interacción con el cartel de la VII Jornada para una Educación Creativa, “La transformación en el corazón de las personas” | Foto: Bárbara Becker

Introducción

La Soka Gakkai, literalmente “Sociedad para la creación de valor”, surgió como una agrupación de maestros de escuela preocupados por superar el aprendizaje memorístico y la formación de individuos sometidos al estado militarista japonés en los inicios del siglo XX. Podemos considerar su fundación con la publicación de Sistema pedagógico de la creación de valor, escrita por Tsunesaburo Makiguchi. En el prólogo del primer volumen, publicado por su discípulo Josei Toda en 1930, Makiguchi sintetizó las condiciones esenciales de “una educación creadora de valores”: la modernización educativa, la organización de un saber coordinado con la acción, el buen trato personal mediante una selección cuidadosa del profesorado, una educación productiva y creativa acorde con la vida cotidiana y “un enfoque de la escuela como una sociedad participativa”[1]. De acuerdo con Makiguchi, el propósito primordial de la educación es el logro de la felicidad, en una concepción amplia y abarcadora de la vida humana que vincula esta meta esencial con un modo de realización práctico: la creación de valor a través de la transformación del medio.

En la estela de la obra de Makiguchi, la Soka Gakkai de España (SGEs) ha querido disponer un espacio de intercambio y motivación para las personas que se desarrollan en el ámbito de la educación. Así se han venido sucediendo, año con año desde 2013 en los centros de la SGEs en Madrid o Barcelona, las Jornadas para una Educación Creativa, en las que hemos realizado talleres, exposiciones o paneles que han contado también con la colaboración de conferenciantes como Juan José Moreno (ULL), María C. Novo (UNED), Francesc Torradeflot (AUDIR), María Soledad Andrés Gómez (UAH), Enrique Caputo (SGEs) y Amparo del Pino (UB), Neus Sotomayor (UNIPAU) y Miguel Mandujano (UB) y Alejandro Iborra (IEDDAI-UAH). En este tiempo han respondido a la convocatoria educadores de muy diversos campos de la enseñanza formal, no formal e informal; profesorado de educación primaria, secundaria, universitaria, de enseñanzas técnicas, artísticas, de idiomas, de formación de adultos o para el empleo y nos encontramos a muy poco de celebrar la octava edición, que llevaremos a cabo de manera telemática con el título “Creando valor en momentos de crisis”.

Soka Gakkai: educación para la paz y la felicidad

La SGEs es una organización religiosa integrada en el movimiento de la Soka Gakkai Internacional, heredera de la Soka Kyoiku Gakkai, la original “Sociedad pedagógica para la creación de valores” editora de la obra de Makiguchi en 1930. Las actividades de la SGEs están relacionadas, especialmente, con la promoción de la paz, la cultura y la educación, a la que considera, en palabras de su presidente fundador, Daisaku Ikeda, “un privilegio singularmente humano”:

Es la fuente inspiradora que nos permite ejercer nuestra condición humana en el verdadero sentido de la palabra; gracias a la educación, el hombre puede asumir una misión constructiva en la vida, con compostura y confianza en sí mismo. Como lo demuestra la historia contemporánea, el conocimiento puede seguir un curso de desarrollo aislado de toda consideración por la vida humana. El punto final de este rumbo desviado son las armas de destrucción masiva. Pero al mismo tiempo, también es el conocimiento lo que ha vuelto a nuestra sociedad tan cómoda y conveniente, en la medida en que hizo posibles la industria y la prosperidad material. En vista de estos planteos, la educación debería asegurar, fundamentalmente, que el conocimiento sirva para promover la causa de la felicidad humana y de la paz. Ésta es la labor esencial de toda actividad educativa.[2]

La educación es fundamental para lograr la paz y alcanzar la felicidad, pero esta finalidad, tal como intuyó Tsunesaburo Makiguchi, no es una meta fijada de antemano sino un proceso, un trayecto que se recorre a través de la creación de valor o, podríamos decir, a través de la transformación de las propias condiciones –individuales o sociales– en situaciones de valor. Lo anterior tiene consecuencias para todos los aspectos de la vida humana y de una manera muy especial para la comprensión de los/as otros/as. Al respecto, Ikeda afirma: “La educación es sumamente importante; ésta genera la armonía entre los pueblos, a través de la visión moderada y sensata que imparte sobre el mundo, e incide en la importancia del respeto mutuo entre culturas. La educación es, finalmente, la única solución”[3].

Las jornadas y las prácticas de creación de valor

Las “jornadas para una educación creativa” no buscan la concurrencia de los/as participantes en un método pedagógico; “una” tiene aquí valor de artículo indeterminado, y denota la diversidad de formas que comprende la educación humana. En esta última, lo que cuenta –como afirmó Makiguchi– “es esa naturaleza comparativamente abierta y no estructurada que posee el aprendizaje”[4], lo que hemos experimentado en cada jornada a través del ánimo que nos infunden las vivencias de transformación compartidas. La creación de valor no es un club exclusivo o el final de un camino, por el contrario, suele ser un nuevo punto de partida para los/as participantes que, de regreso a sus lugares de origen, continúan su labor con nuevos bríos, renovados/as por un encuentro en el que se han descubierto como parte fundamental de una “competencia humanística”, resignificación radical de la idea de competitividad convencional que se basa en la interrelación y la interdependencia humanas y en el reconocimiento del sentido que adquiere la vida cuando se nutre de relaciones cooperativas.[5]

La creatividad, un rasgo distintivo de la educación humana como hemos dicho, es la capacidad que permite a las personas “crear valor”; una “educación creativa”, por tanto, parte de la premisa de que las personas poseemos un infinito potencial por desplegar y la capacidad para realizarlo. La educación, en este sentido, “es hacer que el alumno tome conciencia de un método para adquirir conocimiento a tra­vés de sus propias facultades”[6]; por esta razón los contenidos de las jornadas se centran en las personas, en el vínculo humanístico y la valoración de las buenas prácticas creadoras de valor, en una dinámica en la que los procesos de enseñanza trascienden las metodologías específicas y se produce una especie de ola virtuosa que rompe en la práctica de cada participante –y por extensión, en la sociedad– y que cuando se contrae trae consigo una amplia variedad de aprendizajes que se aprovechan en el diseño de la siguiente jornada. El vaivén de este océano de experiencias educativas concuerda con el dinamismo de la vida creativa tal como lo define Daisaku Ikeda:

La vida creativa se consagra íntegramente a trascender el yo individual, allende los límites del espacio y del tiempo, y avanza en busca de un yo universal. La vida creativa cada día conquista un hito nuevo, cada día experimenta la autorrenovación, siempre en sintonía con el ritmo primigenio del universo. Al hacerlo, genera una transformación completa.[7]

En su dimensión más vivencial, las jornadas despiertan la inspiración de las personas que participan, las motivan a renovar sus prácticas dando a su alumnado el protagonismo en sus procesos de aprendizaje bajo la consideración de que es su potencial el que se realiza al perseguir la propia felicidad y la de los/as otros/as y construir un yo más completo. El fin de la educación coincide, finalmente, con los objetivos vitales de quienes son educados.[8]

Makiguchi entendió que uno de los objetivos de la educación es cultivar a la persona desde el interior, lo que la hace capaz de forjar el valor en ella misma y en su entorno, en una relación de ida y vuelta que crea sintonía entre el propósito de la propia vida y los fenómenos externos. Este proceso, la quintaesencia de la educación, no solo da coherencia, sino que abre oportunidades para transformar las situaciones de dificultad y contribuir a una vida más plena.

Valor es, en este sentido, lo que emerge cuando se es capaz de ir más allá de lo superficial, cuando se resignifica lo transitorio. El valor señala todos aquellos aspectos de la realidad que se generan cuando se interactúa de esta manera con los desafíos de la vida cotidiana y se trascienden las circunstancias que en un principio parecían desfavorables. Las jornadas son un medio para que los/as participantes se encuentren, puedan infundirse coraje mutuamente y de esta manera enfrentar sus propios desafíos con seguridad y confianza. Alentar es fundamental para desarrollar el potencial humano; las jornadas, en este sentido, renuevan nuestra esperanza y entusiasmo, y cuando nos sentimos de esta manera realizamos también nosotros/as nuestro propio potencial.

Educar es empoderar:  la “revolución humana”

El aliento mutuo y la convicción de que todas las personas poseemos la capacidad para alcanzar la felicidad de manera inherente nos empodera; como educadores/as nos motiva, además, a encontrar en cada momento la oportunidad para hacer lo mismo con cada uno/a de nuestros alumnos/as. En su novela autobiográfica La nueva revolución humana, Daisaku Ikeda habla de una educación universal cuya esencia y punto de partida es, precisamente, “la valoración de la individualidad”, porque es a partir de ella que cada uno/a llega a ser feliz y “disfrutar de una existencia gloriosa”. Dice:

El fin que se persigue no debe ser en beneficio de la nación, de las empresas o de las comunidades religiosas. La meta de la educación Soka [o de creación de valor] es la felicidad de uno mismo y de los demás, como también de la sociedad en su conjunto, y la paz para toda la humanidad.[9]

Las jornadas para una educación creativa sirven en parte para generar este oleaje en la sociedad a partir del despertar individual, para abrir nuestra conciencia como educadores-agentes de cambio antes que interpretar el papel de “víctimas del sistema”, y convertirnos así en motores de transformación, personas que podemos dar brillo a nuestras propias vidas mientras contribuimos día con día a que se despliegue el potencial de los demás.

La premisa fundamental de La nueva revolución humana es que el cambio profundo de una sola persona, su “revolución interior”, puede cambiar el destino de la sociedad, y más todavía, el de la humanidad entera. Como miembros dedicados/as a la educación de la SGEs, una organización humanista, e inspirados por la filosofía de la educación en la creación de valores, nos arrogamos esta afirmación como un objetivo para nuestro quehacer educativo.

Más allá de todo cuanto hasta hoy hayamos podido acumular, desarrollar y emprender, muchas de nuestras habilidades siguen aún sin ver la luz del día; todo se reduce, en realidad, a cuánto seremos capaces de conocer y apreciar nuestro presente para anticipar un mejor porvenir, para crear valor, aquí y ahora, y así transformarlo.


Referencias

[1] Makiguchi, T. (1998). Educación para una vida creativa. Ideas y propuestas de Tsunesaburo Makiguchi. Editado por Dayle M. Bethel. Buenos Aires: Universidad de Flores, p. ix-x.

[2] Ikeda, D. (2000). El desafío de formar ciudadanos del mundo (Discurso pronunciado en la Universidad de Columbia, el 13 de junio de 1996). En El nuevo humanismo, México: FCE, p. 80.

[3] Citado en Fórum Universal de las Culturas Barcelona (2004). Asociación Soka Gakkai de España. Tradición Soka Gakkai. En La voz de las comunidades religiosas. La diversidad cultural, el desarrollo sostenible y las condiciones para la paz según las diferentes creencias. Barcelona: Fórum Barcelona 2004, p. 39.

[4] Makiguchi, op. cit., p. 49.

[5] Véase Ikeda, D. (2001). Soka Education. A Buddhist Vision for Teachers, Students and Parents. Santa Mónica, Cal.: Middleway Press, p. 7.

[6] Citado en: Ikeda, D. (2011). La sabiduría del Sutra del loto. Diálogo con Daisaku Ikeda vol. 1. Rivas Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, p. 116.

[7] Ikeda, D. (2000). La vida creativa (Discurso pronunciado en la Academia de Bellas Artes del Institut de France el 14 de junio de 1989). En El nuevo humanismo, pp. 22-23.

[8] Makiguchi, op. cit., p. 18.

[9] Ikeda, D. (2018). La nueva revolución humana vols. 11 y 12. Rivas Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global, p. 407.

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