Conciencia, respeto, igualdad:
Conclusiones de la jornada “Claves educativas para una cultura de paz”

Por Alejandro Iborra y Ana Belén García-Varela
CUADERNOS DEL INSTITUTO IKEDA · 1 · Jun. 2020


Los autores, junto a Jesús García Laborda (en el centro de la mesa) durante la jornada “Claves educativas de una cultura de paz” | Foto: ECG

Los tres talleres realizados en la jornada “Claves educativas de una cultura de paz” trataron temas fundamentales que habían sido desarrollados en la propuesta de paz de 2019 de Daisaku Ikeda y que a su vez giraban en torno a la educación y el papel de los educadores para generar un cambio social.

Uno de estos temas, que además es uno de los ejes fundamentales del trabajo de Ikeda, es la construcción de la paz en el mundo. Por ello, en el primero de los talleres se abordó el problema de los niños soldado. Esta es una realidad relativamente poco conocida y que explota de forma dramática la infancia de niños y niñas marcando su vida para siempre. La necesidad de dar una solución a esta situación, hacerla visible y buscar además posibilidades de reinserción de estos niños y niñas es acuciante. En este ámbito, se mostró además cómo la educación es un derecho que hace posible que se cumplan el resto de los derechos humanos.

El segundo taller nos permitió profundizar nuestra conciencia acerca de las desigualdades de este mundo globalizado en el que vivimos. Hacer visible el sufrimiento de los más débiles ha sido también un pilar fundamental del trabajo de Ikeda, que en su propuesta de paz además nos mueve a actuar desde el respeto a la dignidad humana. Así, en este taller pudimos reflexionar sobre el papel activo que la universidad puede asumir para generar un cambio positivo desde aprender a ser, a convivir y a compartir.

Desde el tercer taller se trató otro tema muy destacado en la obra de Ikeda, como es el empoderamiento de las mujeres. Para ello, profundizamos en las raíces de la violencia de género para comprender cómo está arraigada en nuestra sociedad. Es necesaria la formación del profesorado en perspectiva de género para poder generar contextos de coeducación.

Tras la presentación de la propuesta de paz y de los tres talleres sucesivos, tuvo lugar una sesión práctica con objeto de generar una conclusión común de la jornada. Un aspecto que los participantes coincidieron en destacar fue que haber conocido mejor las realidades tratadas nos ayudaba a tener un punto de vista más humanitario de problemas que se viven en el mundo y, por ejemplo, percibir de manera diferente lo que supone visitar otro país o consumir recursos naturales. Esta nueva perspectiva nos abre los ojos frente a una nueva realidad y nos mueve a actuar en consecuencia. Como expone Ikeda (2019) en su propuesta de paz, “nuestro espíritu de responder con empatía y apoyo a quienes están expuestos a dificultades contribuye no solo a crear redes de aliento mutuo, sino también a extender una sensación de esperanza y de seguridad colectiva” (p.25). Es este movimiento de respuesta el que genera iniciativas de cambio social en nuestros contextos y permitirá que “todos los países trabajen juntos para poner en acción un multilateralismo centrado en la gente, cuyo interés sea proteger a las personas vulnerables de las amenazas y los problemas graves” (Ikeda, 2019, p.26).

Nube de palabras surgida de las conclusiones de los participantes a la jornada

Otro aspecto que destacaron los asistentes fue la necesidad de generar una educación en valores basada en el respeto a la dignidad de la vida. Este es un punto central de las instituciones fundadas por Daisaku Ikeda, como la Universidad Soka, que fue construida sobre los principios del humanismo budista basada en la filosofía de la creación de valor de Tsunesaburo Makiguchi. Para Makiguchi “la educación debería asegurar, fundamentalmente, que el conocimiento sirva para promover la causa de la felicidad humana y de la paz” (Ikeda, 1999, p.80). El respeto de la dignidad humana desde la solidaridad de los pueblos es clave para la construcción de la paz ya que, como nos recuerda Ikeda (2019), debemos ser conscientes de como “las guerras y los conflictos armados, el hambre, y la violencia social y estructural ultrajan la vida y la dignidad de decenas de millones de personas. Debemos abrir los brazos, la mente y el corazón en solidaridad con los más vulnerables, para rectificar esta grave situación” (p.34). En esta tarea, todas las personas, especialmente los jóvenes, tienen una gran responsabilidad para concienciar a otros y motivar a los que ya estaban comprometidos con estos temas.

Otra conclusión común de la jornada fue que nos había permitido tomar mayor conciencia de que la educación es un elemento clave para eliminar la violencia, y para construir una cultura de paz a partir del desarrollo de valores humanos. En su propuesta de paz, Daisaku Ikeda nos dice que “así como cerrar los ojos ante una situación límite en nuestra existencia era una forma de negarla, al hacerlo también uno terminaba negando su potencial interior” (2019, p.32).

En conclusión, la conciencia, la igualdad, la educación y el respeto fueron algunos de los temas más destacados por los participantes en sus propias conclusiones. Ser más conscientes de nosotros mismos nos ayudará a ser más conscientes de los demás y viceversa. Más allá de ideas abstractas, esperamos, como manifestaba uno de los grupos de trabajo de esta jornada, que estas ideas se lleven a la acción cotidiana de cada uno. La acción comienza desde el diálogo y el entendimiento que surgen en espacios como los que pudimos disfrutar en esta jornada y que “generan una energía renovada y abren caminos superadores hacia un futuro mejor para el mundo” (Ikeda, 2019, p.59).


Referencias

Ikeda, D. (1999). El nuevo humanismo. México: FCE.

Ikeda, D. (2019), Hacia una nueva era de paz y de desarme: Un enfoque centrado en las personas Propuesta de paz, Rivas Vaciamadrid: Ediciones Civilización Global.

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